A los tres años apenas observaba cómo se movían las piezas. Un año después ya desafiaba a su mamá y a su papá frente al tablero. Hoy, con solo 10 años, Teo Navarro López se prepara para uno de los desafíos más importantes de su corta trayectoria: representar a Tucumán en la Segunda Olimpiada Escolar de Ajedrez Premundial, que se disputará este mes en Vicente López, provincia de Buenos Aires.
Alumno del Gimnasium de la Universidad Nacional de Tucumán, Teo habla del ajedrez con una naturalidad que sorprende. No solo disfruta del juego, también comprende todo lo que implica. “Lo que más me gusta es el pensamiento que se necesita y el aguante físico y emocional. Si perdés una partida en la primera ronda no te podés venir abajo, todavía quedan otras oportunidades para recuperarte”, explicó durante una entrevista en Radio Universidad. Su reflexión resume una enseñanza que trasciende el tablero: aprender a levantarse después de cada caída.
Su pasión nació en casa, viendo jugar a sus padres. Desde entonces nunca dejó de aprender. Además de las clases que recibe en el Gimnasium junto a su docente Daniel Hernández, entrena de manera particular en el Club 64, donde continúa perfeccionando su juego. “Hay que dedicarle mucho esfuerzo. Si dejás el ajedrez, después cuesta volver a agarrarle la mano”, cuenta con la convicción de quien ya entiende que el talento necesita constancia.
En los últimos días volvió a demostrar su crecimiento al obtener el segundo puesto en su categoría durante un torneo de la Liga Escolar de Tucumán. Pero el próximo desafío será mucho mayor. “Me estoy preparando a full. Van a participar jugadores muy fuertes y vamos a ir con todo para conseguir el mejor resultado posible”, aseguró con entusiasmo.
Detrás de cada uno de esos logros también aparece la figura de Daniel Hernández, profesor de ajedrez del Gimnasium desde hace décadas. Para él, el objetivo nunca fue formar campeones, sino despertar la curiosidad y el gusto por pensar. “El ajedrez no se puede imponer. El chico tiene que entusiasmarse. Cuando descubre que le gusta, sigue solo”, explicó. Ese enfoque convirtió a la institución en una referencia provincial, con numerosos campeones escolares surgidos de sus aulas.
La historia de Teo también habla del compromiso de una familia que acompaña cada torneo, cada entrenamiento y cada viaje. Su profesor no dudó en reconocer ese esfuerzo: “Siempre agradezco a los padres. Hay competencias que duran cinco horas y ellos están ahí esperando, acompañando. Ese apoyo es fundamental”, expresó.
Mientras muchos chicos de su edad reparten el tiempo entre videojuegos y redes sociales, Teo encuentra diversión imaginando estrategias, anticipando movimientos y aprendiendo de cada partida. También toca el piano y disfruta del rock nacional, otra muestra de una curiosidad que parece no tener límites. En unos días volverá a sentarse frente a un tablero, esta vez representando a Tucumán en una competencia de nivel internacional. Sin embargo, más allá del resultado, Teo ya ganó una partida importante: demostrar que la paciencia, la dedicación y el amor por aprender siguen siendo las mejores jugadas para construir el futuro.



