El orgullo se sentía en el aire del estudio de Radio Universidad Tucumán. No era sólo una entrevista: era el regreso de un egresado a la casa que lo formó. Víctor Alfonso Montañez, arquitecto recibido en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), volvió para compartir un presente cargado de reconocimientos internacionales, pero sobre todo una historia atravesada por esfuerzo, fe y gratitud.
“Yo la aprecio como mi casa”, dijo sin dudar cuando habló de la Universidad Nacional de Tucumán. Recibido en 2023, en apenas dos años sumó 12 premios y menciones en concursos internacionales y participó en más de 200 convocatorias alrededor del mundo. Sin embargo, lejos de atribuirlo a golpes de suerte, fue claro: “No fue que ganaste un concurso y fue suerte. Es el esfuerzo del día a día”. Desde que llegó a Tucumán para estudiar, trabajó dando clases de matemática, pasó por imprentas y estudios de arquitectura, y fue construyendo su camino paso a paso. “Desde el origen tuve que comenzar a trabajar”, recordó.
Competir con estudios internacionales de gran escala no fue sencillo. “Cuando uno se presenta dice: ‘No, ya perdí’”, confesó entre risas. Pero esa sensación inicial se transforma. “Cuando te das cuenta de que el otro es humano igual que vos, que también intenta y empuja hacia adelante, entendés que se puede”. Esa convicción lo llevó a obtener reconocimientos en Nueva York y a posicionarse entre los cinco mejores arquitectos de Europa y entre los quince más destacados del mundo en el concurso Belux.
Su manera de entender la arquitectura también tiene una dimensión espiritual y profundamente personal. Parte de su infancia transcurrió en Abra Pampa, experiencia que marcó su sensibilidad. Para él, la luz (como protagonista en muchos de sus proyectos) tiene un significado que va más allá de lo técnico. “Para mí la luz es Dios”, expresó con serenidad. Y agregó: “Yo siento que soy una persona humana, con errores, y que hay un Dios grande que contemplar. Trato de dejar siempre lo mejor en cada diseño”. Esa idea lo acompaña en cada concurso y en cada obra.
Pero si hay algo que atraviesa su relato es la importancia de compartir lo aprendido. Hoy dirige el estudio Cumbres y acompaña tareas académicas en la UNT. “La gente con mucho conocimiento brinda ayuda”, reflexionó. Y en esa línea aseguró: “Trato de impulsar a que el otro llegue a más”. Volvió incluso a su escuela técnica para contar su experiencia y motivar a otros jóvenes a animarse a estudiar. “Llegar a hacer que alguien se anime a más, esa es la verdadera influencia”, sostuvo.
Con humildad, Montañez evita hablar de consagración. Prefiere hablar de camino. “Avanzá, avanzá, avanzá”, recordó como una frase que lo marcó y que hoy intenta transmitir a sus alumnos y colegas. Desde las aulas de la UNT hasta los escenarios internacionales, su historia vuelve a confirmar que la universidad pública no sólo forma profesionales: forma personas capaces de trascender sin olvidar de dónde vienen.




