Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) logró un avance científico que podría tener impacto directo tanto en la producción de alimentos como en la agricultura sustentable. Se trata del estudio de microalgas nativas de la provincia, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica internacional Algal Research, marcando la primera publicación global de una línea de investigación iniciada en 2018.
El trabajo se centró en una cepa local del género Chlorella, aislada en el Embalse Celestino Gelsi, en El Cadillal, y en otros cursos de agua de Tucumán. El objetivo fue comprender cómo cambian los compuestos que producen estas microalgas según las condiciones ambientales en las que crecen. “Nos propusimos estudiar microalgas nativas de Tucumán para entender cómo varía su perfil metabólico según el ambiente en el que se desarrollan. En nuestra región no habían sido abordadas desde el punto de vista biotecnológico”, explicó la doctora Melina Sgariglia, docente de la UNT e investigadora del CONICET que lidera el proyecto.
Las microalgas son microorganismos microscópicos capaces de realizar fotosíntesis, similares a pequeñas plantas acuáticas. Crecen utilizando luz y dióxido de carbono, liberan oxígeno y tienen una notable capacidad para producir compuestos de alto valor biológico. Funcionan, en términos simples, como “biofábricas naturales”, ya que pueden generar proteínas, lípidos, pigmentos y antioxidantes que hoy despiertan interés en la industria alimentaria, farmacéutica y agrícola.
Durante la investigación, el equipo analizó cómo factores como el tipo de luz, la temperatura o las horas de exposición diaria influyen no solo en el crecimiento de las microalgas sino también en los compuestos que generan. “Observamos que la luz no solo afecta cuánto crecen, sino también qué tipo de compuestos producen. Ajustando condiciones relativamente simples podemos orientar la producción hacia sustancias de interés”, detalló Sgariglia.
A partir de estos resultados, el grupo desarrolla actualmente dos líneas de aplicación concreta. Por un lado, estudia el uso de biomasa microalgal como ingrediente para alimentos funcionales, capaces de aportar proteínas, ácidos grasos saludables y antioxidantes naturales. Según explicó la investigadora, estos componentes podrían incorporarse en productos con mayor valor nutricional, en respuesta a una demanda creciente de alimentos más saludables y sustentables.
En paralelo, otra línea analiza extractos derivados de microalgas como posibles bioinsumos agrícolas. El objetivo es desarrollar bioestimulantes que ayuden a los cultivos a enfrentar condiciones de estrés ambiental, como sequías o temperaturas extremas, reduciendo la dependencia de productos químicos tradicionales. “La idea es avanzar hacia alternativas más amigables con el ambiente, que complementen o reduzcan el uso de insumos químicos”, señaló.
Aunque la investigación en microalgas tiene antecedentes internacionales, el diferencial del proyecto tucumano radica en el estudio de especies nativas del NOA. “Cada microalga es diferente: su genética y su metabolismo dependen del ambiente donde se desarrolla. Estudiar nuestras especies nos permite proyectar aplicaciones adaptadas a las condiciones regionales”, afirmó Sgariglia.
El trabajo se desarrolla en la cátedra de Fitoquímica del Instituto de Estudios Farmacológicos de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT, con la participación de investigadores y becarios del CONICET, la UBA y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). El equipo reúne especialistas en biotecnología, química y agronomía con un objetivo común: transformar conocimiento científico generado en Tucumán en soluciones productivas con impacto real en la región.
La publicación internacional no solo valida científicamente años de investigación local, sino que posiciona a la biodiversidad tucumana como una fuente potencial de innovación tecnológica, capaz de vincular ciencia, producción y sustentabilidad.



