A través de un trabajo conjunto entre la Secretaría de Extensión, la Facultad de Psicología y el sistema provincial de salud, la Universidad Nacional de Tucumán impulsa un dispositivo territorial orientado al desarrollo infantil en Tafí Viejo, con foco en la prevención y la intervención temprana.
La iniciativa, que se sostiene desde 2023, combina investigación, extensión y prácticas socioeducativas, permitiendo que estudiantes avanzados se integren a equipos interdisciplinarios junto a profesionales del sistema público. La licenciada Valeria Caballero, quien participa del proyecto con doble dependencia —universitaria y sanitaria— explicó que el trabajo surge “a partir de la lectura de las necesidades de la población”.
En este marco, se firmaron convenios con distintas instituciones que permiten desplegar acciones en territorio y articular con escuelas, familias y centros de salud. “Tengo la suerte de tener doble dependencia, represento al Ministerio de Salud por un lado y a la Facultad de Psicología por otro”, señaló, destacando el valor de esta articulación. El espacio reúne a estudiantes de Psicología, fonoaudiología y psicopedagogía, con el objetivo de abordar de manera integral las problemáticas del desarrollo infantil. “La idea es que el alumno se introduzca en equipos interdisciplinarios”, explicó Caballero.
A partir del trabajo sostenido, el equipo detectó dificultades en el desarrollo en edades tempranas. “Hay alteraciones significativas a nivel del desarrollo infantil (…) los niños ingresan a la sala de 4 y 5 años sin lograr hitos del desarrollo óptimos”, advirtió. Frente a este escenario, el abordaje apunta a intervenir antes de que esas dificultades se consoliden: “Trabajar con niños pequeños permite que esos desafíos no se cristalicen en patología”.
Entre las principales señales de alerta se encuentran problemas en el lenguaje y en la socialización. “Llama la atención el hecho de que haya dificultades de lenguaje expresivo (…) y también las dificultades de relación”, indicó.
El trabajo se realiza en coordinación con docentes y familias, quienes participan activamente del proceso. Antes de comenzar, se desarrollan talleres informativos y se solicita consentimiento para la intervención. En los casos que lo requieren, se articula con el sistema público de salud. “Trabajamos con el sistema de referencia y contrarreferencia”, precisó.
Además, Caballero señaló que algunas dificultades se intensificaron en los últimos años. “Después de la pandemia, sí, por supuesto”, afirmó, al tiempo que vinculó ciertos retrasos con el uso de dispositivos digitales: “Ellos utilizan lo táctil, no el movimiento de pinza (…) que es el prerequisito para la lectura”.El sostenimiento del proyecto representa uno de los principales desafíos. “Es difícil sostener un trabajo sistemático”, reconoció, en referencia al carácter voluntario de los estudiantes y a los costos que implica el trabajo en territorio.
Sin embargo, el espacio continúa consolidándose y este año sumó un avance clave con la incorporación de consultorios ambulatorios en Villa Obrera. “Por primera vez contamos con consultorios, antes solo trabajábamos dentro de las escuelas”, destacó. Finalmente, la profesional puso en valor el compromiso de los equipos: “Los estudiantes lo hacen porque aman lo que hacen”, concluyó.



