Guillermo Chaves tiene 68 años, es jubilado, persona con discapacidad y deportista amateur. Su historia está atravesada por el esfuerzo cotidiano, la disciplina y una convicción que repite como bandera: no dejarse caer. Esa perseverancia hoy lo encuentra ante uno de los desafíos más importantes de su vida: clasificó para disputar la final del Oceanman World Final Championship 2026, el Mundial de Aguas Abiertas que se realizará del 9 al 15 de noviembre en República Dominicana.
El tucumano logró la clasificación tras competir en Embalse Río Tercero, Córdoba, dentro del circuito internacional Oceanman, una prueba que reúne nadadores de distintos países y otorga plazas para la gran final mundial. “De Tucumán hay varios chicos clasificados, pero el más viejo soy yo y también con alguna traba física. Pero eso no me imposibilita nadar de igual a igual con los otros”, contó emocionado durante su visita a Radio Universidad.
Chaves explicó que comenzó a practicar natación hace ocho años y desde entonces no dejó de proponerse nuevos objetivos. Participó en competencias en distintas provincias del norte argentino y hoy celebra este presente deportivo que resume años de constancia. “No es un triunfo por salir primero. Es un triunfo personal, porque lo lograste”, expresó al recordar el momento en que obtuvo la clasificación.
Sin embargo, el sueño de representar a Tucumán y a la Argentina depende ahora de reunir los fondos necesarios para viajar y costear la estadía. Guillermo necesita trasladarse junto a su entrenadora, Silvia López, a quien reconoce como una pieza fundamental en su preparación. “El medio económico es lo que limita a muchos deportistas amateurs”, señaló.
Para solventar los gastos lanzó un sorteo solidario con premios donados por vecinos y emprendedores. El valor de cada número es de 5.000 pesos y se puede colaborar mediante transferencia al alias guillenada138. Además, comparte novedades y formas de ayuda en su cuenta de Instagram @chabu2022.
Durante la entrevista también destacó el acompañamiento de su familia, sus amigos y su esposa, a quien definió con humor y ternura como “la patrona”. “Cuando caigo, me ayuda a levantarme”, dijo. Antes de despedirse, dejó un mensaje que resume el espíritu con el que enfrenta cada desafío: “Nada es imposible. Todo se puede. No se dejen caer por nada. Lo que les pasa puede ser terrible, pero no mortal. Levántense y supérense”.




