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San Miguel de Tucumán

“El cuerpo tiene memoria”: la voz de Leticia, la hija de Paulina Lebbos que creció buscando respuestas

Tenía apenas cinco años cuando le dijeron que su mamá no iba a volver. Dos décadas después del crimen de Paulina Lebbos, su hija biológica, Leticia Victoria Nieva, reconstruye su historia entre recuerdos fragmentados, ausencia y una búsqueda que todavía permanece abierta: saber qué pasó.

Mi nombre es Leticia Victoria Nieva, hija biológica de Paulina Alexandra Lebbos”, se presenta. Su memoria sobre aquellos años está atravesada por imágenes breves, muchas reconstruidas con el tiempo. Recuerda a su madre llevándola a la Facultad de Filosofía y Letras, jugando entre pasillos y parques. “Jugábamos mucho, bailábamos… éramos muy artistas las dos. Eso lo tengo muy presente”, cuenta. La danza, justamente, terminó convirtiéndose en su profesión: hoy es profesora universitaria en danza clásica y contemporánea, una elección que siente profundamente ligada a ese vínculo temprano.

El 26 de febrero permanece grabado como una marca indeleble. Tras la desaparición y el hallazgo del cuerpo, su familia decidió decirle la verdad. “Tengo el recuerdo muy vívido de cuando mi abuela me dijo que era real, que mi mamá no iba a volver”, relata. Aunque comprendía el significado de la muerte, el impacto fue irreversible. “Mientras más grande me hacía, más entendía lo cruel y atroz que había sido el caso”, explica, recordando también el peso de crecer viendo su propia historia expuesta públicamente mientras intentaba comprenderla como niña y como víctima.

La ausencia materna atravesó toda su vida. Criada entre tías y acompañada desde pequeña por tratamientos psicológicos, Leticia atravesó crisis profundas durante la adolescencia. “El caso de mi mamá me hizo ver la crueldad hacia las mujeres y lo atroz que puede ser el mundo”, afirma. Con el tiempo encontró contención en docentes y en la mujer que hoy reconoce como su madre adoptiva: “Lo primero que hizo fue escucharme. Yo tenía mucho que decir”.

Ya en la adultez, participó activamente en la causa judicial y fue querellante en el juicio contra el ex fiscal Carlos Albaca. Sin embargo, la pregunta central continúa sin respuesta. “Si existe algún modo de justicia para mí es saber qué pasó”, sostiene. Para Leticia, las maniobras de encubrimiento marcaron el rumbo del expediente: “Comprender que la Justicia falló y que el Estado no estuvo para acercarse a la verdad es lo más doloroso”.

Hoy vive en Río Negro, donde buscó reconstruir su vida lejos del peso simbólico del apellido Lebbos. Allí terminó sus estudios, proyecta iniciar la carrera de Psicología y construye una identidad propia. Pero la historia sigue presente. “El cuerpo tiene memoria… hay días en los que no duermo y estoy muy movilizada”, confiesa sobre cada aniversario.

A veinte años del crimen que conmocionó a Tucumán y al país, Leticia insiste en que la memoria colectiva sigue siendo necesaria. “Es fundamental que no se olvide el caso. No sólo por mí, sino por todas las víctimas y por los hijos que quedan sin madres”, afirma. Su reclamo permanece intacto: verdad, justicia y el fin del silencio que aún rodea una de las causas más emblemáticas de la provincia.

Fuente: Tendencias de Noticias

Tenía apenas cinco años cuando le dijeron que su mamá no iba a volver. Dos décadas después del crimen de Paulina Lebbos, su hija biológica, Leticia Victoria Nieva, reconstruye su historia entre recuerdos fragmentados, ausencia y una búsqueda que todavía permanece abierta: saber qué pasó.

Mi nombre es Leticia Victoria Nieva, hija biológica de Paulina Alexandra Lebbos”, se presenta. Su memoria sobre aquellos años está atravesada por imágenes breves, muchas reconstruidas con el tiempo. Recuerda a su madre llevándola a la Facultad de Filosofía y Letras, jugando entre pasillos y parques. “Jugábamos mucho, bailábamos… éramos muy artistas las dos. Eso lo tengo muy presente”, cuenta. La danza, justamente, terminó convirtiéndose en su profesión: hoy es profesora universitaria en danza clásica y contemporánea, una elección que siente profundamente ligada a ese vínculo temprano.

El 26 de febrero permanece grabado como una marca indeleble. Tras la desaparición y el hallazgo del cuerpo, su familia decidió decirle la verdad. “Tengo el recuerdo muy vívido de cuando mi abuela me dijo que era real, que mi mamá no iba a volver”, relata. Aunque comprendía el significado de la muerte, el impacto fue irreversible. “Mientras más grande me hacía, más entendía lo cruel y atroz que había sido el caso”, explica, recordando también el peso de crecer viendo su propia historia expuesta públicamente mientras intentaba comprenderla como niña y como víctima.

La ausencia materna atravesó toda su vida. Criada entre tías y acompañada desde pequeña por tratamientos psicológicos, Leticia atravesó crisis profundas durante la adolescencia. “El caso de mi mamá me hizo ver la crueldad hacia las mujeres y lo atroz que puede ser el mundo”, afirma. Con el tiempo encontró contención en docentes y en la mujer que hoy reconoce como su madre adoptiva: “Lo primero que hizo fue escucharme. Yo tenía mucho que decir”.

Ya en la adultez, participó activamente en la causa judicial y fue querellante en el juicio contra el ex fiscal Carlos Albaca. Sin embargo, la pregunta central continúa sin respuesta. “Si existe algún modo de justicia para mí es saber qué pasó”, sostiene. Para Leticia, las maniobras de encubrimiento marcaron el rumbo del expediente: “Comprender que la Justicia falló y que el Estado no estuvo para acercarse a la verdad es lo más doloroso”.

Hoy vive en Río Negro, donde buscó reconstruir su vida lejos del peso simbólico del apellido Lebbos. Allí terminó sus estudios, proyecta iniciar la carrera de Psicología y construye una identidad propia. Pero la historia sigue presente. “El cuerpo tiene memoria… hay días en los que no duermo y estoy muy movilizada”, confiesa sobre cada aniversario.

A veinte años del crimen que conmocionó a Tucumán y al país, Leticia insiste en que la memoria colectiva sigue siendo necesaria. “Es fundamental que no se olvide el caso. No sólo por mí, sino por todas las víctimas y por los hijos que quedan sin madres”, afirma. Su reclamo permanece intacto: verdad, justicia y el fin del silencio que aún rodea una de las causas más emblemáticas de la provincia.

Fuente: Tendencias de Noticias

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